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"Santo Padre, hacedme justicia en mi dolor, por el amor de esta dama que debe ser proclamada con toda claridad. Que el Papa, la Papisa, el Emperador y la Emperatriz, el Sol, la Luna, las Estrellas y el Rayo, escuchen mis gritos y tomen la fuerza necesaria para que cese la injusticia. Que el espíritu del mal sea desterrado y que la verdad prevalezca."
La Villa de la Vida

Los niveles del Amor
El Amor verdadero no es una sola experiencia, sino un camino que se vive en varios planos de la existencia, cada uno reflejando y preparando el siguiente.
1. El nivel físico
En su expresión más visible, el amor es el encuentro entre un hombre y una mujer. No se limita al deseo, aunque lo incluye; es la atracción que une los cuerpos y enciende el afecto. Esta unión física, vivida con respeto y entrega, es un espejo de realidades más altas. El rostro amado, la voz, el gesto y la presencia son como velos que insinúan la belleza que los habita. El amor humano, cuando se vive con pureza de intención, se convierte en escuela de ternura, paciencia y entrega.
2. El nivel del alma
Más allá de los sentidos, el amor se hace reconocimiento. El alma percibe en el otro un reflejo de sí misma, como si se tratara de la Mitad perdida desde la separación original. Aquí el amor ya no es solo atracción, sino comunión interior. Los pensamientos, las emociones y las aspiraciones empiezan a armonizarse, y cada palabra o silencio compartido se convierte en alimento del espíritu. En este nivel, el amor es amistad sagrada, compañía en el camino y espejo del propio ser.
3. El nivel espiritual
En su cima, el amor se convierte en unión con el Origen. Es el matrimonio místico del cielo y la tierra, de Dios y el alma. El Amado es el Creador; la Amada, el alma humana que vuelve a Él. El Zóhar lo describe como el abrazo de lo Masculino y lo Femenino en lo divino; el Cantar de los Cantares lo canta como un diálogo de deseo y gozo; Dante lo vivió como el ascenso hacia la luz a través de la visión de Beatriz. Aquí, la unión no se rompe, porque ha trascendido toda dualidad. El alma y Dios se miran y ya no se reconocen como dos: son un solo fuego, una sola vida, un solo amor.
En cada nivel, el amor es el mismo, pero su lenguaje cambia. El amor físico es su umbral, el amor del alma es su camino, y el amor espiritual es su plenitud. Vivirlos de forma consciente es caminar la Vía del Amor hasta su consumación en la eternidad.
Observad al caminante que aparece en la lámina 0-22 de Viéville. Miradlo bien, pues en su aparente descuido se esconde el secreto de nuestra Vía. Él es el Mercurio de los Sabios, la sustancia que, siendo perfecta en su origen, ha decidido descender a las densas regiones de la materia para iniciar la Gran Obra.
El Loco camina con sus ropajes rasgados, mostrando las carnes al aire, tal como el Mercurio debe ser despojado de sus "placas minerales" y "cáscaras de oropel" antes de entrar en el Atanor. Sus cascabeles no son para la risa de los necios, sino que representan la vibración del Alkahest, ese sonido sutil que anuncia la llegada de la luz violeta pálida sobre los centros de energía.
Él lleva sobre su hombro el fardo de sus experiencias: es el Mercurio Coagulado que carga con el peso de los metales toscos, esperando el momento de la disolución.
Mirad al animal que le sigue y muerde sus cuartos traseros. No es un perro común; es el Dragón Ígneo, el Azufre en bruto que aguijonea al Mercurio para que no se detenga en la inercia de la materia. Es el impulso necesario para que el peregrino atraviese el Nigredo. Sin ese mordisco, sin ese fuego que incomoda y quema, el Mercurio permanecería estático, enterrado en la tierra negra, sin aspirar jamás a la unión conyugal con la Sabiduría.
El Mercurio es "puro y perfecto", pero está atrapado. El animal es la representación de las "pasiones" y la "materia tosca" que intentan detener al espíritu en su camino hacia la transmutación. El Loco (Mercurio) sigue adelante, imperturbable, porque sabe que el fuego del animal no puede quemar su esencia espiritual.
Su bastón es la columna Jakin, el eje vertical por donde descenderá el Rayo del Alkahest desde la coronilla hasta el cóccix en nuestro ejercicio diario.
Él representa el Espíritu Volátil que no puede ser apresado por las leyes de la lógica humana. Es la "Entrada Abierta" porque él mismo es la llave: el Mercurio que, al ser atraído por el imán de la voluntad del alquimista, se convierte en el disolvente universal que desmorona las armaduras negras de los ignorantes.
Cuando el alquimista atrae el Rocío Cocido "R + C" del cosmos, se convierte en este Loco. El mundo lo llamará demente porque ha abandonado las ambiciones del oro vulgar. Pero él sabe que es el Mercurio de los Filósofos: el único capaz de unirse al Sol para procrear al Rebis Blanco.
El Mercurio no descansa; es el principio que corre por las venas de la Gran Obra. En la imagen, el Loco no tiene hogar, está de paso. Representa al Mercurio que debe ser "buscado en todas partes" pero que pocos saben reconocer bajo su disfraz de mendigo (materia vil).
Para el mundo, el Mercurio es "loco" porque no se rige por las leyes de los metales comunes. Es el único que "disuelve" todo lo que toca. El Loco de Viéville, con su mirada perdida y su ropa rota, ha "disuelto" su conexión con la realidad ilusoria (el estado de engañosa conciencia) para buscar la Realidad.